La electrolisis percutánea intratisular (EPI) es una técnica de fisioterapia invasiva que aplica una corriente galvánica a través de una aguja, guiada por ecografía, sobre tejido degenerado. Se usa principalmente en tendinopatías crónicas rebeldes (aquíleo, rotuliano, epicondilitis, pubalgia, manguito rotador) que no han respondido a tratamiento conservador clásico. Requiere formación específica y equipamiento adecuado.
La EPI (electrolisis percutánea intratisular) es una técnica relativamente nueva pero con evidencia creciente en tendinopatías crónicas. Su desarrollo español (creada por el fisioterapeuta José Manuel Sánchez Ibáñez) la ha convertido en una técnica muy extendida en nuestro país. Este artículo explica en qué consiste, cuándo está indicada y qué esperar del tratamiento.
En qué consiste la técnica
La EPI utiliza una aguja de acupuntura conectada a un generador de corriente galvánica de baja intensidad. La aguja se introduce en el tejido degenerado (habitualmente tendón crónicamente lesionado) bajo control ecográfico directo, lo que permite ver exactamente dónde va la aguja y sobre qué zona actúa. Al aplicar la corriente, se produce una reacción electroquímica en la punta de la aguja que estimula una respuesta biológica local.
El objetivo es transformar tejido degenerado (que no cura por sí solo porque la respuesta biológica está agotada) en tejido inflamado agudo, que sí puede iniciar un proceso reparador. La técnica «reactiva» la respuesta biológica local.
Indicaciones principales
Tendinopatía crónica de aquíleo
Es una de las indicaciones clásicas con mejor evidencia. Tendinopatías rebeldes de aquíleo que no responden a ejercicio excéntrico y ondas de choque pueden mejorar significativamente con EPI + trabajo activo posterior.
Tendinopatía rotuliana («rodilla de saltador»)
Muy común en deportistas de salto (voleibol, baloncesto). La EPI aplicada sobre la zona degenerada del tendón rotuliano permite acortar tiempos de vuelta al deporte cuando el abordaje conservador clásico se estanca.
Epicondilitis y epitrocleitis crónicas
Codo de tenista (epicondilitis) y codo de golfista (epitrocleitis) en fase crónica responden bien a EPI combinada con ejercicio excéntrico específico y modificaciones ergonómicas.
Pubalgia y tendinopatías inguinales
En deportistas con dolor púbico crónico por afectación de aductores o pared abdominal, la EPI ecoguiada es una opción cuando otros tratamientos no han dado resultado.
Manguito rotador
Tendinopatías del supraespinoso y otros músculos del manguito rotador que se cronifican pueden beneficiarse de EPI, especialmente cuando hay componente degenerativo confirmado por imagen.
Fascitis plantar crónica
En fascitis plantar rebelde con años de evolución, la EPI aplicada sobre la fascia lesionada puede desencadenar la respuesta reparadora que no llega por sí sola.
Diferencias con la punción seca
Aunque ambas técnicas usan agujas, EPI y punción seca son distintas:
La punción seca trata puntos gatillo miofasciales (músculo contracturado con banda tensa dolorosa) y no aplica corriente. Es un tratamiento del músculo.
La EPI trata tejido degenerado (tendón, fascia) y sí aplica corriente galvánica. Es un tratamiento del tejido conectivo con base biológica reparadora.
Ambas son técnicas fisioterápicas invasivas que requieren formación específica, pero tienen indicaciones y mecanismos distintos.
Cómo es una sesión de EPI
Se realiza con el paciente en la posición adecuada según la zona a tratar. Se localiza con ecografía la zona degenerada exacta. Se prepara la piel con antiséptico. Se introduce la aguja bajo guía ecográfica directa (el fisioterapeuta ve en pantalla dónde está la punta en cada momento) y se aplica la corriente durante unos segundos en la zona objetivo. Se puede repetir el proceso en distintos puntos del tejido lesionado.
La sensación durante la aplicación es de calor y de «picor» o «escozor» en la zona. Puede ser molesta pero es tolerable. Después de la sesión hay dolor local durante 24-72 horas, más intenso las primeras 24 horas. En ese periodo se recomienda actividad reducida, y a partir de las 48-72 horas se inicia trabajo activo específico.
Ciclo típico de tratamiento
El ciclo estándar es de 3 a 6 sesiones separadas por 7-15 días. Durante todo el proceso se realiza trabajo activo específico (ejercicio excéntrico dirigido, trabajo de control motor, adaptación de gestos). Sin ejercicio, la EPI aislada no da los resultados que sí da la combinación.
La evolución completa se valora a las 6-8 semanas tras finalizar el ciclo, momento en el que el tejido reparado ha alcanzado maduración suficiente para valorar el resultado real.
Contraindicaciones
La EPI no se aplica en pacientes con marcapasos (por la corriente galvánica), en zonas con implantes metálicos cercanos, en embarazo (precauciones específicas), en infecciones activas del tejido a tratar, en trastornos graves de coagulación, ni sobre nervios periféricos superficiales sin la formación adecuada.
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Cuándo la EPI NO es la primera opción
La EPI está indicada en tendinopatías crónicas que no han respondido a tratamiento conservador clásico bien hecho (ejercicio excéntrico específico, ondas de choque cuando corresponde, modificación de carga, tratamiento manual). No es la primera técnica en tendinopatías agudas ni en cuadros que aún no se han probado con abordajes menos invasivos.
Aplicar EPI a un paciente con dolor de tendón de 3 semanas de evolución que aún no ha hecho ejercicio excéntrico dirigido es saltarse los pasos previos que probablemente resolvían sin necesidad de técnica invasiva.
Formación del profesional
La EPI es una técnica que requiere formación específica y experiencia. No la aplica cualquier fisioterapeuta. Pregunta directamente por la formación del profesional que la va a aplicar y por el número de casos en los que la ha usado en la patología que tienes.
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En Danai Fisioterapia aplicamos EPI en tendinopatías crónicas rebeldes cuando la valoración lo indica. Siempre bajo control ecográfico, siempre integrada en un plan completo con ejercicio dirigido, y siempre con transparencia sobre expectativas realistas.
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