Dolor cervical y mareos: cuando el problema no está en el oído

El vértigo cervicógeno se origina en el cuello, no en el oído. Se manifiesta como mareo o inestabilidad que aparece con movimientos cervicales, se acompaña de dolor cervical y mejora tratando la columna cervical. A diferencia del vértigo vestibular, no da giros claros del entorno ni se dispara al cambiar de postura en la cama.

Muchas personas con mareos crónicos han pasado por el otorrino sin encontrar causa vestibular clara. En una parte importante de estos casos el origen real está en el cuello, y responde bien a fisioterapia cervical especializada. Este artículo repasa cómo diferenciar el vértigo cervicógeno del vestibular, qué exploración lo identifica y qué esperar del tratamiento.

Qué es el vértigo cervicógeno

El vértigo cervicógeno es una sensación de inestabilidad, mareo o desequilibrio originada en disfunciones de la columna cervical alta. Las cervicales superiores (C1, C2, C3) están íntimamente conectadas con el sistema del equilibrio a través de terminaciones propioceptivas muy densas. Cuando estas cervicales tienen bloqueos articulares, contracturas profundas o alteración de la información propioceptiva, el cerebro recibe señales confusas y responde con sensación de mareo.

No es un «mareo psicológico» ni «imaginario». Es un vértigo real con base fisiológica clara, aunque su origen no esté en el oído interno.

Cómo diferenciarlo del vértigo vestibular

Vértigo vestibular clásico (origen en oído interno)

El vértigo vestibular típico da sensación de giro claro del entorno (todo se mueve alrededor tuyo). Aparece con cambios de posición de la cabeza en la cama (girarse, levantarse). Puede acompañarse de náuseas, vómitos y nistagmo (movimiento involuntario de los ojos). Es intenso y suele ceder en minutos o pocas horas.

Vértigo cervicógeno

El vértigo cervicógeno rara vez da giros claros del entorno. Es más una sensación de inestabilidad, aturdimiento, «como si flotara» o «como si el suelo se moviera». Aparece o empeora con movimientos del cuello (girar la cabeza, mirar hacia arriba, quedarse mucho tiempo con la cabeza en una posición). Se acompaña habitualmente de dolor cervical, rigidez y a veces cefalea occipital.

La duración es más larga y menos episódica que el vértigo vestibular. Puede ser una molestia continua durante días o semanas, con picos según la actividad cervical.

Pruebas que ayudan a diferenciar

El otorrino descarta causa vestibular con maniobras específicas (Dix-Hallpike, prueba calórica, videonistagmografía). Cuando estas pruebas son normales y persiste el mareo, hay que pensar en otras causas, entre ellas el origen cervical.

El fisioterapeuta puede realizar test específicos que orientan al diagnóstico cervicógeno: reproducción del mareo con movimientos pasivos del cuello (con cabeza fija), palpación de puntos gatillo en musculatura suboccipital que reproduzcan el mareo, y test de flexión-rotación de C1-C2 que suele ser positivo en estos cuadros.

Qué causa el vértigo cervicógeno

Contracturas de musculatura suboccipital

Los músculos suboccipitales (rectos y oblicuos posteriores de la cabeza) tienen una densidad de husos neuromusculares altísima, imprescindible para el control fino del equilibrio. Cuando están en contractura mantenida, la información que envían al cerebro sobre la posición de la cabeza es imprecisa y aparece la sensación de inestabilidad.

Bloqueos articulares C1-C2

Las articulaciones entre las primeras vértebras cervicales tienen movimiento muy específico. Cuando aparece un bloqueo o una hipomovilidad, se altera la información propioceptiva y aparece el vértigo.

Latigazo cervical previo

Muchos pacientes con vértigo cervicógeno tienen antecedente de latigazo cervical (accidente de coche, caída) o de traumatismos cervicales antiguos. La disfunción residual puede aparecer meses o años después del episodio inicial.

Posturas mantenidas y estrés

El estrés mantenido, muchas horas frente al ordenador, dormir mal o cargar tensión emocional en el cuello son factores que perpetúan el cuadro. La ansiedad amplifica la percepción del mareo, aunque no lo causa por sí sola.

Tratamiento del vértigo cervicógeno

El tratamiento se orienta a resolver la disfunción cervical alta. Combina técnicas manuales suaves específicas para C1-C2-C3, punción seca sobre puntos gatillo activos de la musculatura suboccipital y trapecio alto, ejercicio de control motor cervical y reeducación postural. La respuesta suele empezar a percibirse entre la segunda y la cuarta sesión.

La rehabilitación vestibular clásica (ejercicios de Cawthorne-Cooksey y similares) no siempre funciona en el vértigo cervicógeno porque el origen no es vestibular. Sí puede complementar en pacientes con doble componente (cervical más vestibular residual).

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Cuándo consultar directamente al médico

Hay signos que exigen valoración médica preferente. Si el mareo va con pérdida de conciencia, dificultad para hablar o mover un lado del cuerpo, visión doble persistente, cefalea muy intensa de aparición súbita, o pérdida auditiva reciente, la consulta debe ser urgente. La combinación de mareo con síntomas neurológicos siempre exige descarte médico antes que fisioterápico.

Qué esperar de una valoración en Danai

En Danai Fisioterapia partimos de una anamnesis detallada que separa características de mareo vestibular de las de origen cervical. Realizamos exploración cervical completa, test específicos de C1-C2 y palpación de la musculatura suboccipital para reproducir el mareo si el origen es cervical. Si detectamos signos de origen vestibular u otra causa, derivamos al médico correspondiente.

El tratamiento suele estructurarse en 5 a 8 sesiones, con revalorción a mitad para verificar respuesta. Cuando el origen es cervical y el tratamiento está bien enfocado, la mayoría de pacientes recupera calidad de vida sensiblemente.

Ven a Danai Fisioterapia si tu mareo no está claro

El vértigo cervicógeno es una causa infradiagnosticada de mareo crónico. Si has pasado por el otorrino sin encontrar causa y persisten los síntomas, o si notas que tu mareo empeora con determinadas posturas del cuello, merece la pena una valoración fisioterápica orientada.

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